5 beneficios que sólo un buen abogado puede aportar a la empresa

Valga primero una aclaración. El lenguaje se utiliza para comunicar ideas y conceptos que pueden estar sujetos a varias interpretaciones según el receptor. A veces llega a decirse que el mensaje una vez transmitido deja de pertenecer a su emisor y el receptor se lo apropia, incluso puede darle la interpretación que le resulte más conveniente; sin embargo, todos estaríamos de acuerdo en que quien expresa una idea tiene necesariamente una intención, quiere transmitir algo.

Cuando expresamos ideas que califican un objeto o hecho, pasa lo mismo. Es posible llegar a un consenso sobre el significado de algunos calificativos; no obstante, ese acuerdo suele diluirse en el nivel pragmático, por ejemplo, en un debate o controversia.

Así, cuando decimos que una universidad es una “buena escuela” algunos querrán decir que tienen espaciosas y cómodas instalaciones; otros, que tiene buenos maestros, y algunos más, que sus planes educativos son exigentes y tienen como efecto formar bien a sus alumnos. Habrá quien incluso esté pensando en que reúne todas o la mayoría de esas cualidades.

Lo mismo sucede cuando nos referimos a organizaciones complejas como un despacho de abogados. A veces queremos decir que el despacho es bueno por el nivel de sus instalaciones y mobiliario; otras, porque los abogados que la conforman tienen un prestigio y ganan los juicios o los defienden con profesionalismo.

Pues bien, para que una firma de abogados sea considerada buena, en el sentido que le interesa al cliente, debe analizarse si cumple las condiciones necesarias para atribuirle esa característica. En el caso de la empresa, son cinco, cuando menos, los beneficios que sólo un buen abogado puede aportar:

  1. Prevención de riesgos innecesarios. El abogado de empresa debe conocer bien el negocio de su cliente para entender los gaps donde se siembra la semilla del conflicto. Es cierto que ahí dónde hay riesgo hay una oportunidad, pero hay riesgos valiosos y hay otros innecesarios; el abogado debe ocuparse de eliminar los segundos.
  2. Adecuación al orden jurídico. Las empresas son entes complejos que están sujetos a múltiples regulaciones. El abogado debe estar preparado para entender el esquema regulatorio al que la empresa de su cliente está sujeto y ajustarse a él. La experiencia juega en este punto un papel importante, porque conocer cómo se generan y desarrollan los negocios del cliente permite comprender mejor el sentido de la normatividad aplicable.
  3. Formalidad en los negocios. La forma a veces se convierte en fondo. Es el caso de los negocios jurídicos. En la operación diaria de la empresa suelen olvidarse aspectos formales que a la postre probablemente representen conflictos o debilidades que pueden incluso poner en riesgo al negocio completo. El abogado se ocupa de las formas y debe saber cuáles son las más adecuadas según el giro de la empresa.
  4. Seguridad para el cliente. Saber que estamos haciendo las cosas bien y que los riesgos a los que estamos expuestos son menores nos aporta certeza y seguridad. No es lo mismo realizar negocios sin asesoría, que hacerlo acompañado de un buen abogado. En otro sentido, la llamada ética empresarial es algo que hoy preocupa mucho a las empresas y que impone nuevas cargas a los comerciantes. Faltar al denominado compliance y a las políticas anticorrupción puede traer consecuencias graves para el empresario; por eso, una buena asesoría legal en este rubro es de vital importancia y ofrece certeza al empresario porque sabe que lo está haciendo bien.
  5. Prestigio por la seriedad en la realización de los negocios. Una persona bien informada es una persona que suele decidir mejor y es justamente el cúmulo de buenas decisiones lo que conforma el prestigio de las empresas. En el mundo de los negocios, la seriedad ayuda a construir un prestigio a lo largo de los años. Los que suelen acompañarse de buenos abogados al realizar actos de comercio son empresarios que muestran seriedad y se hacen de buen nombre en su medio.

Desde luego, esta es una clasificación arbitraria, como lo son todas, pero considero que en ella se muestran las principales aportaciones de un buen abogado a la empresa. Es, por tanto, una lista inacabada, que sólo pretende iniciar una discusión sobre los beneficios que el abogado debe aportar a la empresa, resultante de años de experiencia asesorando a diversos clientes.

Artículo extraído desde: elempresario.mx

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